Sueños y Barcos

He llegado a la conclusión de que los sueños son como esas colchas de retazos, elaborados por unas neuronas descaradas que se aprovechan de que la dueña (o dueño) del cerebro está durmiendo. Ya se sabe: cuando el gato no está los ratones hacen fiesta. Mutatis mutandis: cuando el cerebro no está (consciente), las neuronas hacen fiesta.

Así que toda esa saliva, todo ese papel y tinta, o esos bits y bytes gastados en lo que se llama la interpretación de los sueños es completamente banal y una pérdida de tiempo miserable.

Nuestros griegos se dejaban de pendejadas y le atribuían gran responsabilidad de los sueños y otras actividades a las deidades en las que descargaban el fardo de la existencia humana y sus preocupaciones. Los sueños eran responsabilidad de Morfeo y todos procedían de Zeus. Punto pelota.

En cambio, en el antiguo testamento se habla de interpretación de sueños. ¿Recuerdan la historia de José? Era un interpretador de sueños. Siglos después, otro judío, de nombre Sigmund Freud, continuando la tradición, fundó una pseudociencia llamada psicoanálisis y también se hizo famoso por su interpretación de los sueños.

Un ejemplo de mi teoría (ociosa, claro) del sueño como  “patchwork“  o  “colcha de retazos” es que en la semana pasada tuve dos experiencias diferentes:

  1. Leí sobre una persona que había perdido una cartera con mucho dinero y luego la encontró en una tienda donde había estado y tenía el dinero intacto.
  2. Hice un chiste que incluía la palabra “chivo”.
  3. A estos puntos se añade que muchos años atrás yo estudié literaturas clásicas (griego y latín).

En mi sueño de retazos, yo soy la persona que pierde la cartera con dinero. Y al encontrarla, la abro, y el dinero está intacto. Esto me pone muy feliz y decido comprar una piel de chivo muy hermosa que he visto en un mercado. Cuando la compro, me doy cuenta de que es una piel extraordinaria… más que extraordinaria: !es la égida de Zeus! Y en el sueño la veía en todo su esplendor, pero en vez de la cabeza de Medusa, tenía bordada la cabeza blanca de la mismísima cabra Amaltea en medio de la piel negra del chivo.  

¡Díganme ustedes si esto tiene interpretación alguna! Estas son las locas de mis neuronas cosiendo los retazos que encuentran aquí y allá en los cajones cerebrales de los recuerdos y tratando, enloquecidas,  de fabricar una manta. Por cierto, con estas mantas de retazos se arropan todavía la mayoría de los herederos del psicoanálisis (¿psicobanálisis?) que adivinen dónde están?

En Argentina, claro. ¡Se las trajeron en los barcos!  

Aventuras, desventuras y reflexiones -sin pretensiones- de una venezolana en Trieste

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