Sencillez

 

Ah, mes amis, déjenme decirles que como ya no entiendo casi nada de lo que pasa a mi alrededor, decidí dedicarme a tratar de entender la vida micro a través de la foto macro. Por un tiempo dejaré de fotografiar cosas grandes: ríos, montañas, el sol… Me dedicaré, en ese espíritu franciscano que está muy de moda, a las pequeñas cosas. Flores pequeñas, (nada de girasoles); animales ínfimos (nada de perros, ni gatos gordos triestinos), más bien moscas, saltamontes, o como los clasificaría Linneo en sus ratos de ocio: Bichos bichos.

En esa disposición humilde ante la vida estaba, y a la vez queriendo probar un aro mágico que te transforma un lente 50 mm en un lente macro si lo montas al revés usando el aro adaptador. Esas vainas “mágicas” me seducen. Comprar un aro de 10 euros para “fabricar” un macro en vez de gastar muchos más… me da nota. Así que me voy al minúsculo jardín del edificio a buscar cosas pequeñas para probar el sistema milagroso. En verdad andaba también buscando como una señal, porque estaba depre. Una señal de que el universo sigue siendo coherente a pesar de la imbecilidad humana.

Así que recolecté hojitas, flores diminutas, hongos silvestres y comencé mi sesión mágico-fotográfica. Dándole vueltas a hojas y flores me tropecé con el minúsculo animalito de la foto que inmediatamente se puso en acción a recorrer, aturdido, la incoherente colección de especies vegetales que le ofrecí.

Pero yo andaba exultante, porque la aparición de este caracolillo de unos 8 mm de longitud me parecía la señal que yo andaba buscando. He aquí (mi ser interior es a menudo bíblico), me dije, una vida sencilla que vale la pena imitar.

Le hice decenas de fotos lamentando que el caracol fuera tan rápido. ¡En serio! El pobre andaba como loco tratando de entender ese nuevo mundo impuesto por el azar y yo debía tratar de enfocarlo manualmente y sin trípode (porque los odio un poco) y casi todo salía borroso. Pero una decena de fotos salió bien, y eso bastaba. Así que dejé a mi sencillo amigo tratando de deducir aquel desquiciado jardín y me fui a ver las fotos. Quería, además, buscar algunos datos sobre aquel mini-ser para comprenderlo un poco.

Al rato de leer sobre caracoles, me desencantó la “sencilla” vida de mi amiguito, porque me enteré de que no tenía nada de sencilla. Aprendí, por ejemplo, que en la formación de su minúscula y perfecta concha siguió sabiamente la guía de una espiral logarítmica y no la de una espiral de Arquímedes, ¡caracoles, cuidado con equivocarse! Porque la espiral logarítmica, según me enteré por otro sesudo artículo, es la única curva “en la cual la evoluta, la involuta, la cáustica y la podaría son, a su vez espirales logarítmicas”… ¡Diablos” Esas complejidades las sabía el mini-amigo. Y las supo siempre. Siempre supo la línea que tenía que seguir. Yo, casi nunca.

Leí además que su concha se enrolla casi siempre en sentido dextrógiro (hacia la derecha) pero una vez en un millón, en sentido levógiro (hacia la izquierda). Y que entre las especies terrestres están las: Helix aspersa; Helix aspersa media; Helix aspersa maxima; Helix pomatia; Helix lucorum; Cepaea nemoralis; Achatina fulica; Iberus gualtieranus alonensis y Otala punctata(Sospecho que mi amiguito es algo así como Helix aspersa minima, aunque no esté en la clasificación).

Su vida sexual es también enredada. Los caracoles son hermafroditas (ellas, porque ellos son hermafroditos, jejejeje). Pero NO son autosuficientes. Es decir, tienen ambos sexos pero se aparean con otros que tienen ambos sexos también. Y sus apareamientos duran hasta siete horas… ¡Claro!, ¡semejante enredo pa’ ponerse de acuerdo!

La señal que creía haber estado siguiendo se extinguió. Lo que quedaba ya era como un rastro de baba. Aprendí, eso sí, que no hay caracol sencillo.

Fui a mirar qué estaría haciendo el animalejo y lo vi enroscado  –¿cómo más?–  e inmóvil debajo de una hoja de suculenta. Lo último que leí es que en condiciones adversas hibernan desde octubre hasta abril, o hasta que todo mejore. Lo que venga primero.

Mi jardín improvisado le resultó más extenuante que el de los senderos que se bifurcan. Creo que tendremos noticias suyas en un año o algo así.

!Hasta entonces, Ts’ui Pen!

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Aventuras, desventuras y reflexiones -sin pretensiones- de una venezolana en Trieste

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