Pokémon Go, la realidad aumentada

Pokemon go¿Es el juego connatural a la especie humana? ¿Es la ciencia un juego? ¿Es la experimentación con seres humanos el juego máximo? Si la respuesta a la última es , entonces gente como Adolf Hitler, Heinrich Himmler, Paul Tibbets, Anami Korechika, han estado entre los grandes jugadores de la historia.

Hoy se cumplen 71 años de la destrucción de Hiroshima. Uno de los gestos humanos más horribles que se haya consumado. Y lo peor del caso es que cuando lees detalles sueltos sobre este hecho, te parece leer sobre un juego.

Por ejemplo, leemos que el general Paul Tibbets  –encargado de la misión de destruir Hiroshima–  siendo un niño de 12 años voló por primera vez en un avión de feria para lanzar chocolates a la gente usando paracaídas en miniatura. La multitud los contemplaba arrobada. Su madre, que se llamaba Enola Gay, le había pagado esta diversión inocente.

El 6 de agosto de 1945, Tibbets, ya piloto avezado, es un general de brigada de los Estados Unidos con sólo 30 años. Tiene la misión de bombardear Hiroshima. Y lo hace.

El avión que transportaba la bomba, pilotado por Tibbets, fue bautizado por él  con el nombre de su madre: Enola Gay.  La bomba misma recibió un nombre: “Niñito” (Little Boy). Freud escribiría volúmenes sobre esta simbología: una madre que lleva en su vientre la destrucción en forma de niño.

El parto fue exitoso y la aniquilación de Hiroshima casi total. El 90% de la ciudad fue destruida. Ochenta mil personas murieron inmediatamente. Fueron afortunadas. 10.000 más lo hicieron lentamente, después, por exposición a la radiación.

Por el lado japonés, el general Anami Korechika al mando de las tropas japonesas, después de saber sobre la destrucción de Hiroshima se niega a rendirse. Dice, con cierta frialdad, que, en su opinión, los americanos tenían solamente “esa” bomba.

Korechika confiaba ciegamente en el poder de sus propios niños-bomba: jóvenes, muchos de ellos adolescentes, entrenados en rodar debajo de los tanques enemigos portando explosivos para volarlos y morir por su Emperador, de origen divino, no olvidemos.

1945, una bomba-niño en el cielo; unos niños bomba en el suelo. Unos y otros jugando a cazar monstruos. Después de todo, el enemigo es siempre un monstruo. Es imprescindible que lo sea. (“El Monstruo de Ramo Verde” llama nuestro lamentable cazador de monstruos a su enemigo).

Como tristemente sabemos, los americanos no tenían sólo esa bomba. Tres días después lanzaron la segunda en Nagasaki. Menos exitosa. Mata sólo 35.000 personas.

El 15 de agosto Japón se rinde. El emperador descendió de los cielos para anunciarlo en un discurso grabado.

El general Korechika se suicida ese mismo día y deja un mensaje ambiguo en el que pide perdón al emperador “por el crimen cometido”.

El general Tibbets, por su parte, murió a los 91 años. Nunca se arrepintió de sus actos.

En agosto de 2016, en el santuario de la memoria a la destrucción atómica de Hiroshima, el Hiroshima Peace Memorial Park, una juventud de realidad disminuida busca pokémons, porque el parque a la memoria de los muertos de Hiroshima está incluido como escenario de ese juego “de realidad aumentada”.

La ciudad de Hiroshima le ha solicitado a Niantic Inc., la compañía japonesa creadora de Pokémon Go, que retire este parque como itinerario del juego antes del 6 de agosto. Niantic Inc. no ha respondido.

No se espera que lo retiren. Así como no retiraron el Museo de Auschwitz-Birkenau.

El juego, después de todo,  es importante para el desarrollo y la destrucción del ser humano.

 

 

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