Algo huele a podrido

Mi hijo vive en un apartamento que está encima del de un vecino que es hoarder, palabra cuya mejor traducción en español es “cachivachero” o acumulador compulsivo de objetos sin valor. Mi hijo lo sabe porque, en tanto presidente del condominio, ha oído ya varias quejas.

Hace unos días mi hijo pasó caminando bajo su ventana (es un edificio pequeño) y sintió muy mal olor. Pensó que el vecino estaba peor en su condición de hoarder, que es considerada una enfermedad psicológica y —tal vez— se hizo una nota mental de averiguar con sus vecinos de piso, ya que la persona en cuestión no va a reuniones.

De regreso de su caminata recibió la llamada de un amigo del edificio que fue más o menos así

—¿Dónde andas?

—Regresando a casa, ¿por?

—Eh…bueno, si puedes quedarte por la calle toda la tarde sería mejor.

—Mmmm?

—Nuestro vecino de abajo lleva muerto una semana y lo descubrieron los de su  mismo piso por el olor. En un rato la policía va a sacar el cadáver. No creo que quieras ver esto…

El hombre en cuestión no era un anciano que murió de viejo, como la reina Isabel o Felipe de Edimburgo. Tenía algunos parientes que lo visitaban una vez a la semana …¿excepto esta vez, quizás?

Este tipo de noticias se encuentra a menudo en los periódicos italianos, pero nunca me/nos había tocado de cerca. Me cuenta también mi hijo que las autoridades dejaron las ventanas abiertas para ventilar. Como consecuencia, nadie puede abrir las suyas porque el olor se resiste a disiparse. La muerte, en el caso de este hombre, parece más resistente que su vida.

Italia y España son países donde sus habitantes se declaran católicos. Donde —se supone que— siguen, entre otros, el precepto de “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Lo que te hace pensar que hay dos posibilidades: o la gente no sigue los preceptos que dice seguir, lo que la hace hipócrita. O las personas han dejado de amarse a sí misma y se auto-desprecian; y si no se aman a sí mismas, ¿qué decir del prójimo?  Las dos posibilidades son alarmantes.

Decididamente, hay algo que huele a podrido…y no solo en Dinamarca.

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