Archivo de la etiqueta: Heinichen

Trabajo potencial

En oportunidades anteriores les he hablado de un sitio de compra cerca de la estación central donde llega literalmente medio mundo.  La famosa Trieste multi-cultural y multi-étnica se ve más reflejada allí que en las iglesias de diferentes cultos que hay en la ciudad.

Es un sitio administrado con mano de hierro y vigilado por una señora muy  multicultural ella, de cabellos teñidos fuertemente de amarillo, ojos azules con mirada de águila y figura rechoncha. Habla italiano, pero su nacionalidad italiana es casi tan genuina como las etiquetas de la ropa que vende.

He mencionado también anteriormente que mi provisión de ropa  viene de allí. ¿Dónde más puedes encontrar una prenda de vestir desde 3.50 euros?

De creerle a dos escritores que leo últimamente, Weit Heinechen, (libros de misterio que se desarrollan en Trieste),  y Roberto Saviano, autor de Gomorra, en Nápoles se procesa toda la vestimenta europea e incluso mundial. Nápoles es como un gran centro de acopio donde llega, se fabrica, se altera, se cambia la ropa, zapatos, carteras etc., que se distribuirán en el mundo a todos los niveles de la moda. Desde, probablemente,  el negocio donde compro hasta la alta costura de París y New York. La mercancía llega de China, y allí en Nápoles adquieren los pasaportes de falsas nacionalidades. Made in Italy, made in France, por ejemplo.

El asunto es que el negocio en cuestión tiene sus encuentros de vez en cuando con “la justicia”. Hace meses, (noviembre 2011, creo) estuvo clausurado ¡!!por 6 semanas!!!  Y pagaron una altísima multa.  En el post 2010 que le dediqué enteramente al sitio y al personaje, les decía que a mí nunca me habían entregado un recibo de compra. Y a lo mejor a los venezolanos esto no nos parece tan grave. Pero en Italia es MUY grave. El comerciante está obligado a entregarte un comprobante (se llama scontrino) de compra así sea por medio euro. Y el cliente está en la obligación de retenerlo, no lo puede tirar a la papelera, porque en teoría, un funcionario que se dedica a esto puede pedirte afuera del negocio que muestres ese comprobante, “lo scontrino”.

Pues a esta “compañía” como dije la cerraron por 6 semanas porque “de repente” las “autoridades competentes”  se dieron cuenta de que este negocio NO entrega comprobantes. Yo pasé más de UN AÑO completo aquí antes de eso y nunca me lo habían entregado; y los funcionarios AHORA se vienen a dar cuenta. Mmmmm. Algo podrido en Trieste.

El asunto es que cuando re-abrieron, yo volví y compré algunas cosillas y… guess what?  NO me entregaron el comprobante. Bien. Concluí que el cierre había sido un saludo a la bandera por parte de las autoridades, porque si después de este castigo “ejemplar” se portaban con esta frescura, quería decir que todos se estaban entendiendo.

Volví pues, y compré en 5.50 euros un sweater para E. que afuera cuesta (idéntico, porque los vi) 14-15 E. No me quejé por la falta de “scontrino”.

Sé que no debería pensar así. Que no se debe colaborar con estas cosas. Pero en fin…si las autoridades cierran un ojo…. ¿Quién soy yo, una extranjera, para enderezar estas cosas? Roberto Saviano escribió sobre la Camorra y lleva como seis años que no puede orinar sin guardaespaldas. ¿Y aquí en Trieste, que hay la triangulación Italia-China-Eslovenia? Nooooo. Nein. Nope. No soy heroína.

Bueno, pagué mi sweater, recibí mi regalito, ese sí  made in China (recuerden que no sólo la mercancía es barata en este sitio. Cuando pagas, te dan alguna tontería de regalo.

Peeero, resulta que cuando abrimos el paquete en casa, no era el modelo con cierre que creíamos. Yo me ofrecí a cambiarlo por el que sí era,  y en algún momento fui a devolverlo. No voy a repetir la descripción del sitio; a veces es como el Rastro de Madrid, pero con techo. No puedes ni moverte. Y el sistema de devolución, puesto que no hay recibos de compra es muuuy complicado. Tan complicado, que cuando llegué al último paso de la devolución la Sra. M.  en la caja me dijo que ella no tenía prueba de que yo hubiera pagado ANTES ese artículo!!!!!

Les ahorro un poco la descripción del episodio. La vieja me sacó de la fila de pagos, me trató mal, me mandó a que le explicara el caso a otra vieja que me trató mal también; y yo, que a este punto estaba empeñada en que se hiciera  “justicia”,  después de repetirle el caso por décima vez a la tipa sin que me creyera, le dije fríamente: “esta bien, me están cobrando dos veces la mercancía y ustedes lo saben. Me están engañando y ustedes lo saben, pero pronto van a oír de mí. Pagué otra vez los 5.50:  de todas maneras  11 seguía siendo barato porque “afuera” costaba 15.

Me fui a casa muy molesta. Ir a un sitio borderline  y ser tratado de sospechoso, por gente que es sospechosa es un pelín humillante…

Lo que le había dicho a la tipa que atendía “mi caso”, lo había dicho en el vacío. Yo, por supuesto,  no iba a denunciar a nadie. No planeaba hacer nada. Fue una salida un poco teatral para tratar de conservar un poco de dignidad y cerrar el caso.

Pocas semanas después llegó el invierno, y yo tenía que comprarme un abrigo largo y otras cosas para el frío. Y se me ocurrió mi idea. Fui donde M. ¿Dónde más? Allí pasé un largo tiempo tratando de medirme los variados modelos que había traído para la estación invernal, hasta que encontré uno que me gustaba de verdad. Negro, elegante, a media pierna, parte lana parte acrílico, forrado, con capucha removible,  al precio más caro que se puede encontrar en este local: 30 E.  Había visto abrigos semejantes en establecimientos más “legit”; !pero de 60 E en adelante! No había duda. Lo escogí y también un par de franelas de manga larga a 5 E c.u. Un gasto de 40 E por esas prendas no estaba NADA MAL. Me fui a hacer el viacrucis del  sistema de pago que ya expliqué en 2010,  y cuando llegué a la caja me enfrenté a la Sra. M. No me reconoció, por supuesto.

Ella miró mi trozo de papel con la cuenta que previamente había sacado otra trabajadora del lugar y me dijo lo obvio: son cuarenta  euros. Ella siempre tiene prisa. ¡Time is money! Así que saqué mi billetera con parsimonia. Ella comenzó a mirarme con impaciencia, pero  a este punto no le quedaba más que esperar. !Ahora no podía sacarme de la fila! Yo finalmente reúno lentamente los 40 euros y se los entrego. Ella casi me los arranca de la mano y rápidamente me entrega otro papel con un código cifrado que dice que he pagado, para que yo pase a recoger la mercancía en el último paso. Y me entrega el regalito del día. Ella está a punto de estallar porque yo NO ME MUEVO.  No agarro el regalito. Me mira, conteniéndose apenas,  y entonces yo le digo dulcemente las 4 palabras que para ella son fatales:

lo scontrino per favore. (el recibo de compra por favor)

Pela los ojos más de lo habitual y dice ¿cómo? como si no me hubiera oído.

 

Yo levanto la voz y repito para que me puedan oír los que están en la cola:

— lo scontrino per favore.

Ella trata de sonreír y dice ¡ah si, certo!  Hace amago de registrar la cantidad en la caja. Se detiene.  Y no me lo van a creer. Todavía me pregunta:

¿Por la cantidad completa?

Y yo, sin compasión:

Sí. Por la cantidad completa.

Ella imprime lo scontrino y me lo entrega con cara de dolor intenso.

Yo todavía no me muevo. Le doy la puñalada final:

Y de ahora en adelante Sra. M., a mí, el recibo me lo entrega.

Le devolví la pulserita que me había dado de regalo,  y le añadí todavía muy sonriente en verso:

Niente regalino solo lo scontrino (nada de regalito, me da el recibito)

He vuelto otras veces, pero sólo a mirar las cosas nuevas de primavera. Un día no la vi en la caja. Me preocupé. Pregunté por ella. Me dijeron discretamente que estaba en el baño. Suspiré aliviada. Casi que le dejo saludos. No me gustaría que desapareciera todavía este símbolo de nuestros tiempos.

Las veces que he vuelto me reconoce.  Y me mira con cierto respeto.

Un día de estos a lo mejor me ofrece trabajo.

Muchas entradas a las mafias han comenzado así: desafiando al jefe.