!Sinceramente!

Cualquier niño de tres años es una obra maestra de la naturaleza. Es una delicia verlos actuar tratando de parecer adultos pero sin entender bien de qué se trata.

Una de las características más preciosas de esta edad es la sinceridad. Ellos no ven la razón para mentir; esas razones se las enseñamos los adultos. “Eso no se dice”, les advertimos cuando expresan algunas de sus opiniones más sinceras. Y el niño, en su carrera hacia el adulto aprende a matizar, a esconder, a camuflar… a mentir.

No hace mucho, Marco y Bruno (mis nietecitos) habían colectado en una fiesta una cantidad considerable de dulces que guardaron celosamente en bolsas transparentes debidamente identificadas. Bruno, de tres años, no sabe todavía leer, pero sabe reconocer una B dondequiera que esté y su bolsa tenía una B dibujada. Una tarde entré a su habitación y lo encontré sacando chocolatines de la bolsa de su hermano mayor (6) para meterlos en la suya. Yo le dije, susurrando para que no me oyera su hermano:

—¿Le estas robando los chocolates a Marco?

A lo que él me respondió también susurrando, y como asombrado por mi pregunta, porque era obvio que eso era lo que estaba haciendo:

—Síiii

Y yo:

—¿Y por qué estas haciendo eso?

Y él (susurrando de nuevo):

— Porque los míos me los zampé ya todos …

Tal cual, “me los zampé ”.  Lo dijo en italiano. Susurrado, pero muy claro:

I miei, me li son pappati tutti! 

Tuve que correr urgentemente al baño para reírme en privado y en susurros para que no pareciera que yo estaba de acuerdo con su primitiva y jocosa versión de justicia social.

En estos días de elecciones en Italia (siempre andan en eso) imagino por un momento si Berlusconi tuviera una migaja de la sinceridad de Bruno:

—¿Por qué le dijiste a la policía que la menor de edad que estabas “frecuentando” era la sobrina de Mubarak, el presidente de Egipto?

y Berlusconi con una honestidad imaginaria respondiendo:

—Porque me encanta tomar por culo a los italianos y comprobar que están siempre dispuestos a creer mis fantasías. ¡Es otro de mis vicios!

Pero no. El adulto (¡y tanto! ¡tiene 86 años!) Berlusconi no convive con la verdad desde hace unos 83 años y ahora está intentado meter la gran zancadilla al país antes de morir y se ha auto-candidateado a Presidente de la República. Tal vez siente que todavía le faltan algunos chocolatines por zamparse. Su glotonería parece sin fin.

¿Va a ganar? Probablemente sí. Los italianos están siempre dispuestos a creer en fantasías.

Dejarán que Rubi siga siendo la sobrina de Mubarak. Es lo mejor para todos.

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