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Nomen Omen

Hamlet: el primer gótico.

   Nomen omen es una frase del latín que significa algo así como que el nombre es su presagio. Queriendo decir que los nombres –de las personas, de las cosas– contienen o parecen contener su propio destino. Hay mucho para especular sobre este tema. La lingüística se opone a este determinismo. Pero la brujería (y la poesía, a su manera)  se basan en ello: la fuerza, la magia de la palabra.

   Como ejercicio imaginativo al respecto basta pensar cómo seríamos nosotros mismos si en vez de llamarnos Lourdes, María, Ángel, Matías o David, nos hubiéramos llamado Zobeida, Yajaira, Yorbi, Anderson o Greivis.

   Hace ya bastante  tiempo, una niña muy querida de la familia hizo un viaje a Italia con su mamá y hermanas. Tal vez era la primera vez que iba y tendría unos 6-7 años. No recuerdo con precisión. Pero a su regreso su papá le preguntó sobre el viaje y cómo le había parecido todo, y la niña respondió que todo bien;  y que algo que le había parecido muy cómico era que en Italia, a Cristóbal Colón lo llamaran Cristoforo Colombo…..

Siempre me ha gustado esta anécdota porque explica que los niños forman una asociación muy fuerte entre los nombres y los objetos o personas que designan. Asociación difícil de cambiar. El niño se desarrolla como un gran conservador. O de una manera más colorida, como un gran mago de la palabra.

Pero también me gusta porque me hizo pensar por primera vez que SÍ hay algo cómico para el oído hispano en el nombre Cristoforo Colombo. Es decir, veo a Cristóbal Colón como un gran Almirante.   A Cristoforo Colombo….Neeeeehhh!!!…. No me inspira tanto respeto. Nomen Omen….

Y es lo que pienso sobre otros nombres que traducidos al italiano (o a otras lenguas) pierden un poco de su carácter originario. Pongamos por caso el nombre del profeta Mahoma (!la paz y las bendiciones sean sobre él!, por si acaso). Ya en español Mahoma es menos adusto que Mohammed con su juego de consonantes M.H.M.T que en árabe se pronuncian muy juntas. De hecho, en árabe el nombre se escribe sin vocales. Mahoma, en español se convierte (es un decir, vamos) en un nombre abierto, ventilado por sus amplias vocales,  que en cambio son muy cerradas en el árabe. Imagino que abrir mucho la boca en el desierto comporta sus riesgos; mínimo: arena.

Pero ya en italiano  el nombre adquiere un tinte casi jocoso: Maometto… Lo único que casi nadie hace juegos con esto. !Dios sabe por qué! De hecho, me encontré en Wikipedia en italiano toda una discusión casi exculpatoria donde se pretende demostrar que la versión del nombre italiano del profeta NO comporta carácter alguno de broma. Mmmm. ¿El que se excusa se acusa?

Pero hablemos de alguien de quien sí se puede comentar sin problemas. Del  pobre Hamlet que pasó a la historia como el más dubitativo de los hombres. Hamlet es un hombre / nombre trágico por excelencia. ¿Se hubiera comportado de igual manera si hubiera crecido en Italia llamándose Amleto que es la traducción italiana de Hamlet? Mmmm. Definitivamente NO.

Uno de los indicios es que buscando entre nombres populares, no hay persona en Dinamarca o en el Reino Unido que hoy en día lleve el nombre Hamlet. La tragedia les sigue pesando. Nadie quiere echarle la broma a su hijo de llamarlo Hamlet.  Ni los hijos de los góticos se llaman Hamlet. Pero en Italia, encuentro que la traducción de Hamlet, es decir Amleto es un nombre usado en la actualidad por 3.741 personas. ¡”Amleto” es bastante popular! Italia no parece terreno muy fértil para tragedias sino para comedias. De hecho, también encontré una tira cómica animada cuyo personaje central es un hámster (hámster-Hamlet?) !!!que se llama Amleto!!!

Imaginemos la hora de la cena en casa de Amleto. “Mamma Gertrù” está sirviendo la pasta. No anda asesinando a su marido. Es, además,  una buena y rolliza cocinera. Llama a Amleto en repetidas oportunidades:

Amlè, Amlè, (diminutivo de Amleto, imposible de pensar si fuera Hamlet: ¿Ham? No way, significa “jamón”). Bueno, repitamos. Mamma Gertrù grita:

!Amlè, Amlè!, (!Amlé, Amlé!)

Smettila di giocare con quello schifo di cranio! (!deja de jugar con esa porquería de  calavera!)

Lavati subito le mani!, e vieni a mangiare la pasta!, CHE SI RAFFREEEDDAAA!!!

(Lávate esas  manos YA y ven a comerte la pasta !!! QUE SE ENFRÍIIIIA !!!!

Según las fuentes históricas la primera referencia a la pasta en Italia data !!! del año 1.000 DC !!!! Es decir, que ya para la época de nuestro hipotético Amleto hacía un buen rato que se comía pasta en Italia. Claro sin tomates, que se añadieron tarde: en el 1800, pero tal vez sí con mantequilla fresca y salvia.

Ningún Amleto, por más que tuviera su lado macabro, o pre-gótico,  y le gustara jugar con calaveras se resistiría ante el llamado de la pasta que créanme:  es más fuerte que el de la sangre.  Iría a lavarse las manos  inmediatamente y ¡a por sus espaguetis!

!No hay nada como un buen plato de pasta para proporcionar seguridad en la vida!

Y después de la pasta, no queda Ser o no ser, ni El ser y el tiempo, ni El ser y la nada;  ni siquiera La insoportable levedad del ser, y mucho menos La náusea (f.. you Jean-Paul!).

Menos filosofía y más pasta es lo que la humanidad ha necesitado.

!Ah!, si Hamlet se hubiera llamado Amleto,  ¡otro gallo le hubiera cantado!

Horacio:

[…] Yo he oído decir que el gallo, trompeta de la mañana, hace despertar al Dios del día con la alta y aguda voz de su garganta sonora, y que a este anuncio, todo extraño espíritu errante por la tierra o el mar, el fuego o el aire, huye a su centro…

Hamlet, Acto I Escena II