Aló, ¿Hedy?

Hedy
La bellísima Hedy Lamarr

Hoy se celebra en Italia el Día de Internet. No el “Día Internacional de Internet”, sino el día italiano de Internet decretado por el presidente Renzi.

Mirando en Internet ¿dónde más? sobre este día, me encuentro con que los países no se ponen de acuerdo sobre cuándo se debe celebrar. Como si más bien se tratara de celebrar el día de la Torre de Babel, o el Día de la Incomunicación. ¿Que ironía no?

Pero dejemos estas ironías aparte y hablemos de uno de los personajes mas apasionantes e impredecibles que produjo el siglo pasado y que está ligado a Internet. Se trata de Hedy Lamarr, nacida Hedwig Eva María Kiesler. Una belleza de su época, se puede decir que tuvo una doble vida. En una de ellas era adorada como una de las mujeres mas hermosas de la época. Pero como ella misma decía:

“Es muy fácil ser glamurosa, solo tienes que quedarte quieta y parecer estúpida”.

Para ella el glamur era un pasatiempo derivado del hecho de ser increíblemente hermosa (y rica, no hay que olvidarlo).

En su otra vida, menos aburrida, se dedicaba a inventar. Era una inventora nata. Comenzó su carrera de ingeniería a los 16 años de edad y no la concluyó, pero le quedó la pasión. Tuvo un matrimonio desafortunado del que huyó, literalmente, de Europa a los Estados Unidos.

En su deseo de luchar contra los Nazis durante la Segunda Guerra Mundial ideó un sistema secreto de comunicación que pudiera usarse para guiar torpedos. Ella y un compañero compositor de música y apasionado de la mecánica idearon un sistema según el cual barcos y torpedos se comunicaban con señales de radio que cambiaban constantemente de frecuencia para hacer que la totalidad del mensaje comunicado fuera indescifrable y por lo tanto protegido del enemigo. Este sistema que se llama “de saltos de frecuencia” estaba basado en las 88 teclas del piano.

Hedy sabía mucho sobre torpedos porque su primer marido, un millonario austriaco, le vendía armas a Mussolini y a Hitler. Los abundantes detalles tecnológicos sobre los torpedos, por ejemplo, se discutían en las cenas a las que ella asistía (todavía Hedwig) y en las que probablemente se quedaba quieta y se fingía estúpida. Derrochando glamur, vamos.

Nada me da más placer que imaginar a la hermosísima Hedwig/Hedy mirando tiernamente a Hitler o a Mussolini y memorizando los detalles de ingeniería militar que un tiempo después, luego de fugarse de su marido acosador, le pasaría al enemigo país, los Estados Unidos. Hedwig, como ya adivinaron, era judía.

El sistema fue patentado, pero no pudo usarse sino mucho tiempo después. Estados Unidos en ese momento no entendió el alcance del invento. Seguramente tampoco se fiaba de una invención basada en un tablero de piano y creada por una mujer actriz de cine y su colega aficionado a la mecánica de pianos sincronizados.

Hoy en día esta invención forma parte de la moderna tecnología inalámbrica y es usada en telefonía inalámbrica, telefonía celular, comunicación satelital, WiFI, GPS y Bluetooth.

Los últimos años de Hedy no fueron nada glamurosos. Demandas por aquí y por allá, episodios de cleptomanía, adicción a la cirugía plástica … Bueno, se sabe que las vidas de los genios están llenas de miseria también. Basta rascar un poco bajo la superficie para encontrar algo de basura.

¡Menos mal quedan las obras! Basta pensar que cuando usamos un celular o la WiFi o Bluetooth, o un GPS, la estaremos invocando siempre.

Aló, ¿Hedy?

Sólo para decirte que eres inmortal. Que las cirugías eran inútiles.

 

 

 

 

 

 

 

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2 pensamientos en “Aló, ¿Hedy?”

  1. Esta mujer da para un estudio de género ¡qué ni te cuento! La manera como usó su belleza y los estereotipos asociados a ella para después autovictimizarse con esos mismos estereotipos con toda la historia de las cirugías. ¡Qué inteligencia no apreciada! y ella su propio victimario. Siempre me ha fascinado la manera como las ideologías opresivas se internalizan y entonces terminas defendiendo tu propio perpetrador. Bien poética la historia del piano en el código …y hasta allí llego yo que también me asombra esa mente tuya, Lou con los artilugios de ingeniería.

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