Anosmia/anomia

Pepe Le PewEl olfato es un sentido extraño. Un sentido antiguo, de supervivencia, como lo demuestra el que los olores no sean procesados en primera instancia por la corteza cerebral, la región mas nueva de nuestro sistema nervioso, sino por el sistema límbico y el hipotálamo, regiones más antiguas, más “animales”, si se quiere, relacionadas con la emoción y el recuerdo.

Es un sentido que de alguna manera asociamos a la intuición. De ahí las expresiones que comienzan con “me huele a…”

Hablo de olores porque una de las características del venezolano ha sido siempre su higiene personal. Tal vez excesiva, según otros parámetros. Me cuentan que por los 70 las residencias para estudiantes en Francia evitaban a los estudiantes venezolanos (como a la peste, iba a decir) porque gastaban agua en exceso. Se bañaban demasiado, según los estándares galos.

También porque me recuerda que algunos miembros de mi familia tienen olfatos hipersensibles, por ejemplo mi madre, mi hija y uno de mis hermanos. Una vez mi madre y yo fuimos a un concierto de Serenata Guayanesa en Mérida. Cuatro filas mas delante de nosotras se sentaba un alemán que apestaba (según cualquier parámetro). Mi madre lo pasó muy mortificada. Yo trataba de consolarla en voz baja diciéndole que al menos no estábamos a su lado… Pero ella no lograba entender cómo se dejaba entrar a un concierto a alguien con semejante invasión territorial, con aquella colosal arma química.

Años después conocí a un cubano que me contó que los rusos hedían lo suyo y que en la Cuba ruso-dependiente se acuñó la expresión “huele a ruso”. Cuando, por mi parte, visité Cuba en 2006 pude notar que muchos cubanos tenían un aspecto desastroso. Visité la hermosa isla para asistir a un congreso, y muchos de los ponentes locales tenían una dentadura ruinosa y un olor corporal que dejaba un poco que desear. Un poco, literalmente. Hubiera bastado sólo un toque de desodorante. Pero ese “lujo” estaba fuera del alcance de incluso los privilegiados congresistas. Los rusos se habían ido hacía tiempo. Su rastro odorífero permanecía sin que el cubano se diera cuenta.

Acabo de pasar unos doce días en Venezuela, y en muchos abrazos fraternos estrechos (el venezolano abraza fuerte y se pega) noté por primera vez en la vida el olor de la falta de agua, de jabón, de desodorante. Una tristeza más que añadí a otras. Tendremos que aprender a saludarnos dando la mano como los alemanes, o haciendo reverencias con los brazos bien pegados al cuerpo como los japoneses, quienes tienen fama de ser muy limpios, por cierto.

Es triste. Venezuela se debate ahora entre la anomia que es la ausencia de ley y la anosmia que es la carencia de olfato. Sin darnos cuenta, ya empezamos a oler a ruso, o tal vez a cubano. Me pregunto si se acuñará algún día la expresión “huele a venezolano”. El mal olor a sudor (porque hay un olor a sudor saludable) es causado por bacterias que se transmiten por el contacto, por la ropa. Nuestras bacterias actuales hicieron un largo viaje desde Rusia pasando por Cuba hasta nuestra patria. Extrañas migraciones.

Ya hoy en día Rusia no tiene la misma ideología de los cubanos actuales. Por su parte, ahora Cuba quiere desembarazarse de la ideología que nos contagiaron. Cuando también esta ideología haya pasado, porque todo pasa, las bacterias quedarán.

¿Será el triunfo de la bacteria sobre el espíritu?

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4 pensamientos en “Anosmia/anomia”

  1. Sí querida amiga. Está cambiando.Sólo espero que haya nuevos vientos. Pero la inercia humana es de temer. Nos acostumbtamos a todo. Basta que el proceso sea lento. Y ha sido muuuy lento. Planificadamente lento.

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  2. ¡Qué horrible, Lourdes! Si no lo dijeras tú, no lo podría creer … Me acuerdo de que mi mamá, cuando llegó a Caracas en 1959, nunca quería tomar un taxi, porque encontraba que los autobuses eran maravillosos con tanta gente limpia y bien olientes, ropa pulcrísimas, etc. Pensar que esto ha cambiado es una espina más …
    Te abrazo, Paola

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