Mi querido Neandro

Homo Sapiens

Hace poco leí que murieron calcinados o asfixiados 232 jóvenes en una discoteca en Brasil. Me enteré también de que los vigilantes cuando vieron la huida en masa cerraron las puertas para que la gente no se fuera sin pagar.

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Familiares de los jóvenes de Brasil

También es noticia que encontraron 108 hombres en Alepo, Siria, con un tiro en la nuca y las manos atadas detrás de la espalda con bridas plásticas (tie raps).

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Las manos de los muertos de Alepo

Y la masacre en la cárcel de Uribana, no tan lejos, sino ahí mismo, en el estado Lara de nuestra Venezuela. Son 58 las víctimas.  El número fue admitido por el gobierno, lo que indica que puede ser el doble.

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Familiares de los muertos de Uribana en oración

Y por si fuera poco, Berlusconi no sólo regresa, sino que el día de la conmemoración del Holocausto declaró que Mussolini, aparte de las leyes raciales, había hecho cosas buenas.

Niños de Auschwitz mostrando sus números tatuados.
Niños de Auschwitz mostrando sus números tatuados.

Homo Neanderthalensis

Hace meses también se habla del Neandertal. De si era o no inteligente, de si pintaba o no, de si hablaba o gesticulaba, de si podremos reconstruirlo a partir del ADN.

Y entre más leo sobre este homo, este ser a quien llamaré Neandro,  me gusta más. Lo siento más cercano y ¿por qué no decirlo? superior a nosotros.

Hace 40 000 años una pareja de neandertales enterró a su bebé de dos años para proteger su cuerpecito de las alimañas. “La niña del valle de Lozoya” es llamada hoy por los arqueólogos.

Hace 70-40.000 años Neandro (y Neandra, claro está)  ya conocían el afecto, ya protegían a sus hijos, ya respetaban a sus muertos, pintaban hermosos animales en las paredes de las cuevas y construían casas con huesos y pieles de mamut.

¿Cómo nos alejamos tanto del camino?

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Manos neandertales

 

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