Pierde el pelo

Un viejo adagio dice que el lobo pierde el pelo pero no el vicio. !Ah, bendita seas, Internet! En una de estas noches de insomnio entre una noticia mala y otra peor de Venezuela me encontré con unas perlas sobre la genealogía del amigo Trump, tal vez todavía influida por el articulo que nos envió El Lingüista Fastidioso sobre el famoso “covfefe” del inefable tuitero.

Y me parecen perlas porque ayudan a entender muchas cosas. ¿Recuerdan el escándalo generado por la descarnada declaración del gorila albino (mis excusas, gorilas) donde mejor quedó expresada su concepción sobre el universo (femenino)?

(palabras de Trump):

“And when you’re a star they let you do it. You can do anything…Grab them by the pussy. You can do anything”.

(mi traducción):

Y cuando eres una estrella, ellas te dejan hacérselo. Les puedes hacer cualquier cosa… Agarrarles la/el xxxx (inserte aquí su palabra favorita para genitales femeninos, “cuca”, por ejemplo). Puedes hacerles cualquier cosa.

En pocas palabras, el amigo Trump plantea que LAS mujeres (they), siempre obnubiladas por el brillo del dinero de un personaje (estrella) … se venden al mejor postor.  Es más, creo que ese es su concepto general del mundo: un gran almacén donde todo tiene un precio. Y él —Gold knows— puede pagar cualquier suma.

Podría ser el punto de vista de cualquier millonario del mundo, ya lo sé. No es que sea especialmente terrible u original. Pero este millonario en particular es ahora presidente del país más poderoso del mundo. Y esa visión tiene consecuencias para todos: con pussy o despussyidos

Y aquí es donde entra la perla, mes amis, porque escarbando en la gran mina de Internet me entero de que el abuelo de Trump, un tal Friedrich Trump, inmigrante alemán, a comienzos del pasado siglo hizo su fortuna vendiéndoles a los mineros del Yukón alimentos, alcohol … y prostitutas. Dig it?

Pues sí, el codicioso señor Fred ­—ya cambiado su nombre original alemán—, iba detrás de cuanta mina abría vendiendoles a precio (de oro, por supuesto) a sus refinados clientes, los “productos” de primera necesidad: carne de caballo para el sustento, o carne de mujeres para el contento. No había ninguna diferencia para la codicia del inmigrante alemán. Como digestivo para ambos tipos de carne no faltaba, por supuesto, el alcohol, que aún no había caído en la prohibición.

El nieto de Friedrich, el nuevo presidente de los Estados Unidos, hace tiempo perdió el pelo, a pesar de lo que aparenta su curioso implante, pero el vicio mental de considerar a toda mujer (they) como producto negociable se ve que en su familia ha ido pasando incólume de generación en degeneración.

Si no lo creen, pregúntenle a la aquiescente Melania.

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