Tragedia virtual

La mano del hombre que sostiene esta delicada tacita es la mano de un chino.

No un chino cualquiera. Es Liu Yiqian, que aunque en la foto parece un oLi Yiqian y la taza millonaria_2ficinista vulgar y silvestre en su hora de descanso, es un chino archimillonario que acaba de comprar la tacita de té de la dinastía Ming con gallitos pintados por la bicoca de 36 millones de dólares; y decide tomarse un té y hacerse una foto, que fue a parar, sin él saberlo, al ágora virtual. Ese mercado galáctico del chisme que es también Internet.

La respuesta de repudio no se hizo esperar. Miles de mensajes insultantes en la Web. Ahora bien, pregunto yo. ¿Qué tiene de malo devolverle a este objeto su funcionalidad inicial? Fue una taza para tomar té durante la dinastía Ming. Se convirtió en objeto de colección. Ahora es de nuevo una taza de té, tal vez sólo por los breves instantes de la Li Yiqian y la taza millonariafoto.

Apartando la soterrada y fugaz envidia que pueda producir la fortuna de otros, creo que la reacción de los internautas fue una genuina reacción de horror ante un acto de soberbia desaforado. El acto del nuevo rico que paga 36 millones por una taza de té, que se convierte en el acto de cagarse en la sociedad toda, pero en particular en la sociedad de los que Fanon llamaba “los condenados de la tierra”.

Uno de los internautas pregunta directamente “¿Crees que te transformas en inmortal con este gesto?”

Y pone el dedo en la llaga. Los griegos tenían ya fichado estos gestos que iban más allá de la soberbia. Llamaban hybris a la ejecución de estos actos desmedidos. Y pensaban que estas acciones inevitablemente tendrían como consecuencia caídas del tamaño del acto cometido. Estas caídas eran la respuesta de los dioses.

Liu Yiqian, se ha convertido sin saberlo en un personaje trágico, en el sentido de la tragedia griega.  Todo acto de hybris es un diálogo con los dioses. Los internautas, a manera de coro antiguo,  sólo lo están  previniendo.

Hybris viral. Una tragedia virtual.

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