Felicidad es

 

tres-graciasLa felicidad es un sentimiento elusivo, de ahí que el concepto también lo sea.  Últimamente he leído bastante sobre este tema estimulada sobre todo por dos hechos:

  1. El pueblo venezolano se considera a sí mismo feliz.
  2. Venezuela tal vez sea el único país del mundo que tiene un Viceministerio de la Suprema Felicidad del Pueblo.

No sé si Venezuela se considera un pueblo feliz porque tiene este Viceministerio. O ya era feliz y ahora ha incrementado su felicidad. Nunca lo sabremos.

Pero ninguno de los medidores de felicidad tipo Gallup & Healthways que han hecho cálculos un poco más serios que los del gobierno venezolano (aunque usted no lo crea) menciona a Venezuela entre los pueblos más felices.

Por otra parte, el Informe Mundial sobre la Felicidad 2015 ubica a Venezuela en el 23º lugar (de 158) según el diario El Nacional del 23/4/2015.

¿Cómo nos posicionamos ante estas dos afirmaciones contradictorias? No sé ustedes. Por mi parte, yo creo que el pueblo venezolano es cada vez más feliz. Y me remito a los griegos para explicarlo. ¿Recuerdan la mitología griega y cómo cada sentimiento humano estaba representado por una divinidad? Y cómo estas divinidades actuaban al estilo de las pandillas? Por ejemplo, Ares (la guerra), en la Ilíada trabaja siempre junto a Fobos (el miedo), Deimos (el terror) y Eris (la discordia). Formaban un gran equipo.

En cuanto a la felicidad, que también en la Grecia antigua era un concepto complejo, estaba representada por diversas divinidades, por ejemplo las Cárites (Tres Gracias) Eufrósine (alegría), Aglaya (belleza) y Thalia (juventud).

Un dios (o concepto) en Hesíodo era a veces como el hiperónimo de un campo semántico que es mutatis mutandis, como el jefe de una banda. Según la génesis de los dioses (obra llamada Teogonía) de este autor, Eris (Discordia) engendró a Ponos (la Pena), a Lete (el Olvido), a Limos (el Hambre) y a Algos (el Dolor). Una forma poética de enseñarle a la gente que la discordia genera pena, hambre, dolor y hasta olvido. !Ya estaba dicho hace siglos!

Es en estos ejemplos donde encuentro la explicación de la felicidad del venezolano.

Pero es mejor con una anécdota. El otro día, por ejemplo, fui a hacer compras, y ya con mi carrito lleno de aproximaciones y simulacros me disponía a pagar. De repente vi un letrero (lejano) que decía SE ACEPTAN TARJETAS CON SEXO Y COLOR … Al menos eso fue lo que leí, con esa mirada turbia del venezolano ya acostumbrado a esperar siempre lo peor. Preguntándome cuáles podrían ser estas tarjetas y ya un poco más de cerca vi lo que en verdad decía el letrero: SE ACEPTAN TARJETAS SODEXO Y ACCOR. Sentí entonces, casi físicamente, !lo juro! la presencia del dios del Alivio que, casualmente, andaba con su hermanastra, la Felicidad.

Y así por el estilo. Te enteras de que robaron varias casas en la vecindad pero no la tuya. Sientes el consuelo de que no te ocurrió a ti y también la esperanza de que no te ocurra nunca. De nuevo en familia: Consuelo y Esperanza son primos lejanos de Felicidad.

Te encuentras una vieja receta de, por ejemplo, la torta tres leches y comienzas a soñar y a fantasear con que encontrarás leche condensada, leche evaporada o incluso simplemente leche; ¡ah! y la harina y el azúcar. La Fantasía y el Sueño siempre andan por ahí brincoteando con su concuñada la Felicidad. A este punto, ya nos hemos dado cuenta de que la Felicidad venezolana funciona un poco como Delcy Rodríguez, nuestra lamentable Ministra de Relaciones Exteriores que se autoinvita a la menor provocación.

Es hora de re-escribir la Teogonía. Una teogonía autóctona y vernácula. O tal vez mejor, dadas nuestras diarias penurias, volver a crear Los Trabajos y Los Días. Obras para el hombre nuevo en las cuales se describa que así como la leche ha sido sustituida por la bebida láctea, la felicidad va a estar de aquí en adelante representada por el alivio, el consuelo, la mejoría, el desahogo, la esperanza, la ilusión, el sueño, la imaginación, la apariencia, el espejismo, el simulacro …  y otros tantos conceptos y preceptos que son como parientes lejanos –y un poco pobres–  de la felicidad, pero parientes al fin.

¿Somos cada vez más felices? Sin duda. Con una felicidad subrogada, eso sí.

Tal vez por eso el gobierno no se ha atrevido a crear un auténtico Ministerio de la Suprema Felicidad, sino un Viceministerio.

Sin saberlo, han creado la vice-felicidad … que es la que aparece en las encuestas.

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