Cuento de Navidad

triptico

Hace unos 10 años, por diciembre, yo solía pararme en una avenida larga que está antes de la población de El Valle, donde vivo. Allí tenía lugar una venta de cuadros pintados por artistas locales que exponían en esta galería callejera en vísperas de Navidad.

Ese año, sin embargo, un poco alejados de los pintores, había también un pequeño grupo de artesanos talladores de madera que exponían sus humildes obras en este improvisado atelier. Yo me detuve para mirar la novedad. Nunca los había visto por allí. Me bajé del coche y muy pronto estaba en animada conversación con una de las mujeres que exhibía una abigarrada colección de figuras religiosas, personajes populares y algunos animales, todo en madera toscamente labrada. Esta mujer me preguntó si yo era profesora en la universidad (pregunta muy común en nuestra ciudad)  y cuando le respondí que sí, les dijo a los demás del grupo de artesanos “Entonces ella nos puede ayudar con la duda” 

Y volteando hacia mí me preguntó: “¿Chaples es o no es un santo? “¿Chaples?” pregunté yo sin tener idea de qué me estaban hablando. “Sí, Chaples. ¿Es o no es santo?” insistía la mujer, y los demás (unas seis personas) esperaban mi respuesta.

Yo les dije que no conocía ningún santo de ese nombre. La señora repetía, “Sí, Chaples, uno que tiene un sombrerito y se parece a San José Gregorio Hernández (para ellos era un santo mucho antes de su beatificación). “Ese que está en una placita allá en el centro”. Y recordé que en Mérida le habían dedicado una placita a “Charles Chaplin”, al que la señora llamaba “Chaples”. Yo, aguantando como podía la risa, les aclaré que no. Que Chaplin había sido un excelente actor, pero no era ni había sido santo.

“Pues que lástima” dijo la señora, “lo piden mucho en estos días, y como se parece a José Gregorio pensábamos que se podía hacer uno sólo para ahorrar madera. Y venderlo como Chaples o como José Gregorio asegún lo soliciten”. Les hice notar educadamente que sí se parecían, pero no tanto: ambos tenían el traje negro, el sombrero, el bigote, y curiosamente se les representaba a menudo con las manos cruzadas atrás. Pero el bastón por ejemplo, no lo tenía José Gregorio.

Un poco desilusionados me preguntaron entonces cuál arcángel era el que tenía el diablo a los pies, si era Miguel o era Rafael. Y cuál era el santo del perrito, y si el santo negro del tamborcito era San Benito o San Martín de Porres. Y así por el estilo. La inocencia y confusión de esa gente sencilla era conmovedora. Les sugerí que bastaba comprar unas estampitas en la librería católica San Pablo, cerca de la plaza Bolívar y les pareció una idea extraordinaria.

De esta forma, estuve pasando varios días seguidos a conversar con ellos que estaban muy agradecidos y me mostraban sus últimas tallas y las estampitas ya adquiridas. Y cada día yo les compraba algo y seguíamos discutiendo sobre los santos y los ángeles y las vírgenes y sus atributos; y poco a poco me fui llenando de ángeles, arcángeles, querubines y serafines y mujeres vendiendo frutas,y  madres con sus hijos de la mano.  Y, al final, la señora del primer día me mostró el tríptico sencillo de madera que está en la foto, con motivo navideño pintado y tallado por ella. Me gustó tanto que desde entonces habita una esquina de mi casa como una especie de protección.

Yo, que desde hace mucho tiempo profeso una especie de ateísmo agnóstico, viví esas breves conversaciones con esta familia de artesanos de La Mucuy de Mérida con una gran intensidad. Me sentía casi como en una comunidad de los albores del cristianismo debatiendo sobre la santidad, la maldad, los atributos de los ángeles, el infierno o la salvación, que son formas de discutir sobre el ser humano, sobre su paso breve en este mundo, sobre el temor de la muerte, sobre el poder del bien y del mal.

Para la mujer que había tallado este sencillo y hermoso tríptico en humilde madera allí estaba representado un misterio divino, una virgen que había dado a luz un redentor de la humanidad llamado Cristo.

Yo encontré en esta misma obra inocente algo menos sobrenatural pero más grandioso por lo humano. Vi a una mujer, a un hombre y un futuro en forma de hijo. Vi unas ilusiones y unos deseos en forma de ángeles. Y vi el comienzo de una esperanza de vida nueva, que no es poco.

!Feliz Navidad!

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