Des-integración 1

La nuova ragazza

En el año y medio largos que llevo aquí he intentado integrarme a Trieste de diversas maneras. Y no sé porqué. Los que me conocen saben que soy más bien des-integrada… Quiero decir, no he sido nunca gregaria. Pero es que lejos de mi país, sin mi estructura social y familiar a veces siento que estoy en el vacío.  Sé que ustedes lo entienden.

Mi primer intento fue en un curso de yoga. Queda en una de las partes viejas de Trieste y es en la Società Ginnastica Triestina. Una de las cosas que sorprende al ojo “americano” (los italianos llaman adecuadamente “americanos” a todos los habitantes de América, sea norte o sur) es la vejez de las cosas. Uno sabe que es el “viejo continente”, pero no lo internaliza. Es un poco como lo del invierno.

Así que llego el primer día a una vieja calle con un  viejo edificio, donde hay una vieja organización y donde pensé que encontraría un viejo maestro de yoga… El maestro no lo era, pero las alumnas sí. Y mucho. ¡!!Yo era la más joven!! La clase parecía una manada de viejas mamuts cuya hembra alfa, de un siglo de edad más o menos y de la que podía decirse con Galileo “eppur si muove” (sin embargo se mueve), me preguntó el primer día en el vestuario:

E la nuova ragazza, comme si chiama? (Y la chica nueva, ¿cómo se llama?)

Miré a mi alrededor y me di cuenta de que la nuova ragazza…. era yo… jajajajaja.

Así que le respondí en tercera persona también:

La nuova ragazza si chiama Lourdes.

(La chica nueva se llama Lourdes).

Ah, Lourd, les explicó M-α  a las demás (es la hembra alfa para todo). Bueno, no quise argüirle que era mejor que pronunciara la –es final porque en los vestidores a lo mejor me pegaba. Si regañaba al instructor en el salón de clases…

El asunto es que pronunciado así, mi nombre también quiere decir “pesada” en francés. Y yo reconozco que lo puedo ser…y mucho. Pero otra cosa es que te lo digan a cada rato.

El curso transcurrió sin mayor eventualidad. El instructor era bueno; sólo que la mamut-hembra-alfa lo regañaba un poco cada día y el paciente profesor (unos 50 años, es decir, casi un bebé) se dejaba regañar. No tenía alternativa. Cuando terminó el curso decidí que no quería integrarme allí.

El segundo intento fue en el club de aerobics de Aquamarina, un establecimiento gimnástico con una buena piscina para el nado y la rehabilitación porque es agua del Adriático, salada y tibia. Iba a nadar dos veces a la semana.

Pero el nado no integra. Fortalece, purifica, relaja, sí. Pero es solitario.  Así que me inscribí también en Pilates. Era mi primera vez con esta disciplina. La instructora era mujer, probablemente de mi edad y muy buena en su área. Pude darme cuenta de que todas y el único hombre del curso (me niego a decir TODOS en este caso) se conocían previamente. La instructora me preguntó mi nombre en público para presentarme  y le dije “Lourdes” (¿qué más?) Ella se puso contenta: ¡Ah, María Lourdes como la hija de Madonna!  No me atreví a decirle que no. Mi nombre es Lourdes Elizabeth, pero si la integración pasaba por ser María Lourdes…!pues bienvenida!

A pesar de que María Lourdes ya significaba un progreso respecto al pesado  Lourd, en el vestidor una de las pilatistas me preguntó:

¿te podemos llamar Loredana?

Yo quería ser muy educada, pero a veces el sentido del humor (un poco negro, en mi caso) domina. Y le dije dulcemente que sí, que podía llamarme Loredana, si era de su gusto, pero que había el riesgo de que yo no le respondiera, porque mi nombre era Lourdes. Y lo pronuncié exagerando un tanto la –s-,  just in case: LourdeSSSSS.

Y ella a la carga: ¿Pero Lourdes no es Loredana en italiano?

Y le dije con cara sinceramente triste. No, lo siento.

La tercera semana, después de clase, ya en el vestuario ocupadas con el “vestiario”  (así se dice ropa, en italiano jejeje), una de las señoras que se quitó su traje de Pilates para vestirse lujosamente con una hermosa piel de zorro preguntó en alta voz:

¿Alguien sabe cuál es el tenor de Samson et Dalila esta noche?  Yo lo sabía, como les conté en “Vino Sansón”, y como nadie respondió le dije: es el tenor coreano Donwong Shin. Y añadí. Yo voy mañana. Entonces ella me “puso tarea”: Me cuentas el viernes qué tal estuvo para ver si voy la semana entrante. Bueno, dije yo. ¿Qué más me quedaba?

Recuerden que yo había estudiado a fondo para ir a la ópera. Mi enfoque es siempre de aprender o enseñar. Deformación profesional lo llaman. Sabía  ya bastante sobre el teatro Verdi, sobre la ópera Samson et Dalila. Y hasta la chismografía sobre la gente que va a la ópera en Trieste que encontré en el blog de un “hater” me era familiar.

El viernes, después de haber visto Samson el día anterior y ya en el vestuario después de clase, le hice a la signora de la piel de zorro un resumen de mis impresiones… Ella quedó convencida de que yo era experta en ópera.

El curso llegaba a su fin. No renové la inscripción. No estaba dispuesta a seguir estudiando ópera sólo para mantener una conversación de vestuario. Además vi pocas posibilidades de integrarme a círculos con un “vestiario” de mamuts o de pieles de zorros. Decidí esperar una nueva oportunidad; en otra parte.

!Y pensar que estuve tan cerca!:

Loredana,  María Lourdes….

To be continued en:

Des-integración 2

“Los panitas” della ferriera”

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3 comentarios en “Des-integración 1”

  1. Tu post, me inspiró a tratar de hacer memoria de las negociaciones que los pobres gringos aquí hacen para pronunciar “Maru”. Tarde o temprano, terminan llamándome Marú, con acento en la u… lo cual es notable puesto que esto no es francés y es más bien una lengua orientada al acento grave. Puede ser que yo no sea suficientemente grave. No sé ¿alguna hipótesis, Loredana?

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